El que admiras,
el más grande,
el que existe para vos,
el que hace lo imposible, él.
Y yo,
acá,
esperando verlo,
pero no puedo,
porque no lo veo,
porque no lo tengo.
No se que se siente,
tener en las manos,
a ese hombre arrugado,
que para muchos es como
un padre,
y para otros es como
un abuelo.
Él,
el que existe sin existir,
el que estuvo y ya no esta.
No recuerdo su rostro,
porque cuando yo llegue,
él, ya había partido,
caminando por las escaleras
que se suben,
pero que nunca se bajan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario